Los seres extraterrestres que viven entre nosotros pueden llegar a tener mayor conciencia de las necesidades de nuestro planeta que los humanos mismos. Es posible.
Me llamo Juan Diego Soto Suárez, soy costarricense y no escribo más que mensajes de correo electrónico, demandas, reconvenciones, contrademandas, peticiones, actas y escrituras en una gestoría para un par de picapleitos. El trabajo me viene muy bien, tengo asistencia legal gratuita en caso de necesitarla. Con esta profesión que tengo nunca se sabe.
Cuando llego a la casa que alquilé en las afueras de la ciudad, me quito el traje de plasticarne y dejo que respiren mis polipalpos, que permanecen oprimidos todo el tiempo bajo este disfraz de humano. Me arrastro hasta el sótano y me hundo en la tierra para recargar mis células.
Mientras estoy en contacto con Gaia siento su agonía; protesta y percibo su llamada de socorro. Aunque el planeta en sí tenga energía de sobra, el conjunto está en fase terminal: desaparecen decenas de especies, tanto del reino animal como del vegetal; los océanos están contaminados; el aire, día a día, se hace irrespirable para la propia vida nativa; a causa de la polución, las temperaturas aumentan, los polos se deshielan.
Sólo hay un único culpable: los humanos.
Utilizo la energía de Gaia para emitir mi informe al Consejo de la Confederación de Civilizaciones:
Memorandum 514, Planeta Tierra, año 36825 desde la Paz Galáctica.
La situación ha empeorado desde mi última comunicación, la raza predominante agota todos los recursos que hemos dispuesto para su control. No sirven de nada las cartas de derechos que insertamos en el córtex cerebral de los humanos más influyentes de cada época; no se respetan, priman más los intereses individuales a los colectivos. Esto está perjudicando gravemente el equilibrio de Gaia.
Recomiendo urgentemente la implantación de una Comisión Tutelar Planetaria para poder salvar los ecosistemas que quedan; éstos han de quedar vetados a la presencia del hombre. Los humanos tendrán que seguir un programa de reeducación. Se les harán pruebas continuas, introduciendo especies conocidas e incluso vida extraña para ellos. La prueba consiste en ver su interrelación con otros seres. Se les dará la información científica necesaria para desarrollar sistemas equilibrados de desarrollo, respetando lo que queda e intentando recuperar lo que se perdió.
Pasado un tiempo prudencial, se revisarán sus logros. Han de tener un nivel mínimo aceptable si quieren formar parte del grupo previo a su ingreso en la Confederación de Civilizaciones. No se permitirá ninguna crueldad con ningún ser vivo, esto incluye: corridas de toros, ritos religiosos con sacrificio de animales, experimentación científica con seres vivos, guerras de todo tipo, incluidas las interraciales, y toda clase de abuso contra los más débiles.
He propuesto esta segunda oportunidad debido a su capacidad creadora. Si bien ésta no se manifiesta en todos sus individuos, es innata para todos ellos; depende de los estímulos externos el que crezca y aflore.
Acepto el mandato del Consejo Supremo de la Confederación: si no funciona el programa y no pasan las pruebas, se hará efectivo el plan de esterilización y dejarán de existir. Con su coeficiente de destrucción no se les puede dejar sueltos.
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